Como dicen por ahí, la muerte es lo único que tenemos seguro. Pero, en lugar de verlo como algo natural, sentimos un pánico terrible cuando se encuentra cerca. Tenemos miedo a lo que no conocemos.
Pero sobre todo esto pasa cuando la persona que esta entre la vida y la muerte es joven (y más aun cuando es un niño). Cuando un ser humano, llega a su vejez, bien o mal decimos “vivió, disfruto, hizo lo que quería hacer”. Pero noto que en la población en general, cuando alguien, que aun le faltan muchas cosas por dar y compartir, muere, es aun más desolador, más doloroso.
Y ahí es cuando levantas la cara al cielo y dices “no es justo” y empiezan todos los cuestionamientos, preguntas sin respuestas.
Mi hermano Luis murió cuando yo tenía 12. Cáncer. Cumplirá este 25 de mayo 15 años desde que partió. A mi madre le cuesta mucho trabajo el día con día. Todas las madres que pierden a un hijo tienen todo mi respeto y admiración. Por naturaleza, es algo que no se debe de vivir.
Conmoción lo que está pasando con el estado de salud de Cerati. Y creo que es por lo mismo. Aparte de ser una figura pública y ser adorado por miles de fans (me incluyo) creo que la reacción es porque nadie lo esperaba, porque lo veíamos como un hombre maduro pero aun joven (50 años) lleno de vitalidad. Como dije, no lo esperas. Ahí es cuando la calaca hace sus jugarretas y nos sorprende.
La muerte debe de ser entendida como un proceso que experimentaremos todos (ósea, todos). Pero hay veces, que (creo) es cruel e injusta. Pero al final, nadie vive más de lo que le toca.
jueves, 20 de mayo de 2010
miércoles, 12 de mayo de 2010
sueños marinos
Anoche soñé algo increíble. Bueno, a mí me pareció fascinante. Todo se localizaba en el puerto de Mazatlán. Estábamos en la espera de un ciclón muy fuerte y ya se notaba en el cielo su furia. El agua ya se veía condensada en las nubes, bueno, de hecho no eran nubes, era solo agua flotando. Exacto, eran solo charcos de agua flotando en el cielo. Buscando víveres íbamos en una camioneta mi amiga la Kika, el Pornocho y el Glenn. Los que últimamente hacemos el tradicional "rescate marino" (luego les cuento esa historia).
Pasando exactamente la casa del marino, que es la parte en donde ya puedes ver todo el malecón, vimos, con nuestros ojos incrédulos, remolinos de agua, que bajaban hasta el mar. En esos remolinos de agua había peces enormes, marlins, pez velas, dando vueltas, luchando por salir de ahí. Todos asombrados nos volteamos a ver. No lo podíamos creer (obviamente). En eso un pez enorme se logra salir de su remolino y va directo a nosotros, pero ahora si, flotando en el aire. Los tripulantes del carro nos quedamos sin habla. Nadaba en el aire. Al parecer se sintió intrigado y se acerco a nosotros. Vi sus escamas naranjas con dorado tan cerca que aun no creo que fuera un sueño. Luego de esto, se alejo. En eso volteo, y les comento a mis compañeros “parecería que ahora somos nosotros los que estamos en una pecera y que ellos están afuera observándonos curiosamente ¿no?”. El sueño siguió, y recuerdo que en el mismo contaba esta increíble historia y toda persona que me escuchaba se quedaba con la boca abierta. Así me levante yo.
Mylene M. de la Fuente
Pasando exactamente la casa del marino, que es la parte en donde ya puedes ver todo el malecón, vimos, con nuestros ojos incrédulos, remolinos de agua, que bajaban hasta el mar. En esos remolinos de agua había peces enormes, marlins, pez velas, dando vueltas, luchando por salir de ahí. Todos asombrados nos volteamos a ver. No lo podíamos creer (obviamente). En eso un pez enorme se logra salir de su remolino y va directo a nosotros, pero ahora si, flotando en el aire. Los tripulantes del carro nos quedamos sin habla. Nadaba en el aire. Al parecer se sintió intrigado y se acerco a nosotros. Vi sus escamas naranjas con dorado tan cerca que aun no creo que fuera un sueño. Luego de esto, se alejo. En eso volteo, y les comento a mis compañeros “parecería que ahora somos nosotros los que estamos en una pecera y que ellos están afuera observándonos curiosamente ¿no?”. El sueño siguió, y recuerdo que en el mismo contaba esta increíble historia y toda persona que me escuchaba se quedaba con la boca abierta. Así me levante yo.
Mylene M. de la Fuente
viernes, 7 de mayo de 2010
Carta de 1864
Ahora entrando al Facebook encontré que el grupo de "centro histórico de Mazatlán" había "posteado" una carta escrita por Ignacio Ramírez "El Nigromante" (periodista, abogado, político puramente liberal mexicano que participo en las leyes de reforma y apoyo firmemente a los indígenas) dirigida a Guillermo Prieto "Fidel" (poeta, dramaturgo que apoyaba activamente a la política liberal de la época). Es esta carta le habla de, obviamente, el puerto de Mazatlán.
La descripción es bellísima pero a la vez sencilla. Nada de pomposidades. Solo cuenta lo que el vio, sintió. Y todo lo reflejo en esta carta.
No es el primer personaje de la historia de México que queda preñado por la belleza mazatleca. José Alfredo Jiménez, uno de los compositores mas importantes de nuestro país, al venir al puerto quedo maravillado con el y escribió el corrido a Mazatlán. En este plasma justamente lo que sentimos por acá "aquí hasta un pobre se siente millonario". !Es verdad!. No se necesita mucho para ser feliz.
Pero bueno... regresemos a la carta. Me pareció también muy interesante la información que da sobre la situación de Mazatlán en México en esa época. Muestra sus ventajas y desventajas. Pero también refleja perfectamente el espíritu de la población (que de hecho sigue siendo igual hasta la fecha).
Espero que les guste. Es un poco de historia de la perla
Mazatlán, Sinaloa. Marzo 1864. Carta de Ignacio Ramírez "El Nigromante" a Guillermo Prieto "Fidel"
Marzo de 1864
Mazatlán, con sus 18,000 habitantes, su fama legendaria, su proverbial riqueza y sus bellezas naturales, es, sin disputa, la ciudad más interesante de Estado de Sinaloa, a pesar de que, en cierto sentido, le dispute Culiacán ese puesto. Emporio del comercio marítimo de Occidente, la falta de vías terrestres de comunicación y si consiguiente aislamiento han mermado un poco su importancia mercantil, sin que deje ésta de ser muy alta ni de aventajar mucho a su rival sonorense, Guaymas, que le supera en condiciones naturales. Mazatlán no las tiene como puerto; los buques anclan a varias millas de la costa, y el tráfico de pasajeros y carga se hace por medio de lanchas, pangos y un vaporcito remolcador. Aún en estas condiciones, el paso de la barro, cuando la mar está picada, es peligroso, y en los recios temporales, cuando las olas azotan con furia la playa (espectáculo imponente y encantador) son frecuentes los naufragios de los barcos que no han podido alejarse oportunamente de la costa.
El caserío de la ciudad, visto desde e mar, principalmente por el lado de las Olas Altas, presenta un aspecto encantador, tendido a lo largo de la ribera, sobre la falda del pintoresco lomerío. Dentro de la ciudad el especto cambia completamente. Las calles son estrechas, sucias y torcidas, y exceptuando la iglesia nueva, torpe y ridícula imitación del estilo ojival, y algunos edificios comerciales modernos, carece enteramente de construcciones notables.
Lo que llama la atención al viajero e impresiona agradablemente, es el movimiento que se nota en la ciudad, sobre todo en los barrios comerciales y las cercanías del muelle. Mazatlán es, esencialmente, una población de trabajo, y entre aquél ir y venir de peatones y carruajes no se nota esa miseria y abandono de nuestro pueblo, quetan dolorosa impresión causa en la mayor parte de las ciudades del interior de la República. El pueblo es limpio, alegre, bullicioso y desconoce por completo la miseria. El alto comercio cuenta con varias casas millonarias, y su contacto mercantil con San Francisco de las Californias ha desterrado de esta gente la apatía y el odio al trabajo que caracterizan a los moradores de las tierras caliente. Hay en este pueblo algo muy partículas;: Así como el día lo consignan exclusivamente al trabajo, la noche la dedica a la juerga y el jolgorio. A las nueve de la noche casinos, cantinas y billares de hallan llenos de parroquianos, entre los cuales abundan alemanes y españoles, adueñados en Mazatlán de los principales negocios. A esa hora todo es beber y jugar, y, después de la trasnochada, todo le mundo a sus ocupaciones con religiosa puntualidad. la música de los gallos suena hasta la madrugada, y proverbial es el lucimiento de los bailes mazatecos o mazatlecos, llenos de alegría elegantes y costosos; y de fama el lujo con que se celebran las fiesta del carnaval, las cuales no ceden en brillo más que a las de Mérida y con las que sólo Guaymas suele competir en ocasiones.
La afición al juego es desmedida, y año por año, en el Paseo de las Olas Altas, bajo carpas de manta enjalbegada y adornadas con derroche de lujo, al son de las orquestas, entre los gritos de los gallos y el rasguear de las guitarras, los aficionados a Birján son desplumados por los implacables banqueros. Sobre el verde tapete se tienden hasta cien mil onzas mexicanas, y de muchas leguas a la redonda acuden los viajeros a la feria, que es, para los más, motivo de diversión, y para los menos, oportunidad de redondear magníficos negocios.
El Paseo de las Olas Altas es la nota característica de Mazatlán. Difícilmente puede imaginarse un panorama más bello que el del mar visto desde este punto. Las olas vienen a romper con el estrépito sobre los escollos que erizan la playa, y eso a toda hora, sin cesar en su ruido ensordecedor, y no tardará ciertamente el padre océanos en dar cuenta de esa porción de la costa. Mar adentro, a tres o cuatro kilómetros, dos enormes rocas se alzan mucho metros sobre la superficie de las agua y dan otra nota pintoresca del paisaje. Una puesta de sol, desde aquél sitio, es incomparable, y a esas bellezas se añaden las que prestan al puerto, tendido sobre el mar, sus cerros cubiertos de eterna verdura, sus palmeras que le dan el tente característico de nuestros paisajes costeños, y su vegetación lujuriosa.
La descripción es bellísima pero a la vez sencilla. Nada de pomposidades. Solo cuenta lo que el vio, sintió. Y todo lo reflejo en esta carta.
No es el primer personaje de la historia de México que queda preñado por la belleza mazatleca. José Alfredo Jiménez, uno de los compositores mas importantes de nuestro país, al venir al puerto quedo maravillado con el y escribió el corrido a Mazatlán. En este plasma justamente lo que sentimos por acá "aquí hasta un pobre se siente millonario". !Es verdad!. No se necesita mucho para ser feliz.
Pero bueno... regresemos a la carta. Me pareció también muy interesante la información que da sobre la situación de Mazatlán en México en esa época. Muestra sus ventajas y desventajas. Pero también refleja perfectamente el espíritu de la población (que de hecho sigue siendo igual hasta la fecha).
Espero que les guste. Es un poco de historia de la perla
Mazatlán, Sinaloa. Marzo 1864. Carta de Ignacio Ramírez "El Nigromante" a Guillermo Prieto "Fidel"
Marzo de 1864
Mazatlán, con sus 18,000 habitantes, su fama legendaria, su proverbial riqueza y sus bellezas naturales, es, sin disputa, la ciudad más interesante de Estado de Sinaloa, a pesar de que, en cierto sentido, le dispute Culiacán ese puesto. Emporio del comercio marítimo de Occidente, la falta de vías terrestres de comunicación y si consiguiente aislamiento han mermado un poco su importancia mercantil, sin que deje ésta de ser muy alta ni de aventajar mucho a su rival sonorense, Guaymas, que le supera en condiciones naturales. Mazatlán no las tiene como puerto; los buques anclan a varias millas de la costa, y el tráfico de pasajeros y carga se hace por medio de lanchas, pangos y un vaporcito remolcador. Aún en estas condiciones, el paso de la barro, cuando la mar está picada, es peligroso, y en los recios temporales, cuando las olas azotan con furia la playa (espectáculo imponente y encantador) son frecuentes los naufragios de los barcos que no han podido alejarse oportunamente de la costa.
El caserío de la ciudad, visto desde e mar, principalmente por el lado de las Olas Altas, presenta un aspecto encantador, tendido a lo largo de la ribera, sobre la falda del pintoresco lomerío. Dentro de la ciudad el especto cambia completamente. Las calles son estrechas, sucias y torcidas, y exceptuando la iglesia nueva, torpe y ridícula imitación del estilo ojival, y algunos edificios comerciales modernos, carece enteramente de construcciones notables.
Lo que llama la atención al viajero e impresiona agradablemente, es el movimiento que se nota en la ciudad, sobre todo en los barrios comerciales y las cercanías del muelle. Mazatlán es, esencialmente, una población de trabajo, y entre aquél ir y venir de peatones y carruajes no se nota esa miseria y abandono de nuestro pueblo, quetan dolorosa impresión causa en la mayor parte de las ciudades del interior de la República. El pueblo es limpio, alegre, bullicioso y desconoce por completo la miseria. El alto comercio cuenta con varias casas millonarias, y su contacto mercantil con San Francisco de las Californias ha desterrado de esta gente la apatía y el odio al trabajo que caracterizan a los moradores de las tierras caliente. Hay en este pueblo algo muy partículas;: Así como el día lo consignan exclusivamente al trabajo, la noche la dedica a la juerga y el jolgorio. A las nueve de la noche casinos, cantinas y billares de hallan llenos de parroquianos, entre los cuales abundan alemanes y españoles, adueñados en Mazatlán de los principales negocios. A esa hora todo es beber y jugar, y, después de la trasnochada, todo le mundo a sus ocupaciones con religiosa puntualidad. la música de los gallos suena hasta la madrugada, y proverbial es el lucimiento de los bailes mazatecos o mazatlecos, llenos de alegría elegantes y costosos; y de fama el lujo con que se celebran las fiesta del carnaval, las cuales no ceden en brillo más que a las de Mérida y con las que sólo Guaymas suele competir en ocasiones.
La afición al juego es desmedida, y año por año, en el Paseo de las Olas Altas, bajo carpas de manta enjalbegada y adornadas con derroche de lujo, al son de las orquestas, entre los gritos de los gallos y el rasguear de las guitarras, los aficionados a Birján son desplumados por los implacables banqueros. Sobre el verde tapete se tienden hasta cien mil onzas mexicanas, y de muchas leguas a la redonda acuden los viajeros a la feria, que es, para los más, motivo de diversión, y para los menos, oportunidad de redondear magníficos negocios.
El Paseo de las Olas Altas es la nota característica de Mazatlán. Difícilmente puede imaginarse un panorama más bello que el del mar visto desde este punto. Las olas vienen a romper con el estrépito sobre los escollos que erizan la playa, y eso a toda hora, sin cesar en su ruido ensordecedor, y no tardará ciertamente el padre océanos en dar cuenta de esa porción de la costa. Mar adentro, a tres o cuatro kilómetros, dos enormes rocas se alzan mucho metros sobre la superficie de las agua y dan otra nota pintoresca del paisaje. Una puesta de sol, desde aquél sitio, es incomparable, y a esas bellezas se añaden las que prestan al puerto, tendido sobre el mar, sus cerros cubiertos de eterna verdura, sus palmeras que le dan el tente característico de nuestros paisajes costeños, y su vegetación lujuriosa.
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